Parecía una realidad, más no sabía si estaba caminando ya muerto después de levantarme, si alguna cosa de aquellas me arrebató la vida, si el silencio largo que sentí entre las personas era parte de que ya estaba en el cielo, o quizá en la tierra viendo pasar mi vida, y el tiempo frente a mi nariz, frente a la mirada que solo tenía fija en ciertos puntos, y donde no las podía ver a la cara, donde sabía que les había hecho daño a las dos personas, aquellas que me habían acompañado a charlar en un momento de debilidad, cuando me sentía desnudo, y sin alguna solución concreta, o sencilla para la razón de cómo mi corazón se sentía después de aquel sueño, después de que hubiera escuchado tantas cosas que no quieres soñar, que no quieres que jamás sucedan, porque el día que las tienes en tu razonamiento, están ahí clavando como un alfiler a un pedazo de carne trémula ante cada piquetazo de dolor que impacta a cada vena del cerebro cuando las neuronas y la sangre hacen su acción, cuando la adrenalina de correr sin sentido, por algún coraje o enojo, te hacen sentir, así estaba yo, esa noche, sentado con las dos.
Esperaba solo la puñalada que me dieran, ya fuera física o verbalmente, no era para más, porque yo había hecho tanto daño con mis palabras que ni siquiera había tenido consideración, no fue con intención, solamente con ganas de hacer un comentario el cuál fuese como un chascarrillo para burlarse de la muerte, para olvidarse de las cosas y para tener una plática con tono ridiculizado con respecto a esa mujer, aquella que viene cuando jamás se espera, y sin avisar, que arrebata la vida así como así, de un segundo a otro. Y por fin, después de unos minutos, no fue una palabra, no fue una daga que cortase mi piel, sino una mirada y un tono de voz, mismo que me desgarro poco a poco, como unas cuchillas sobre mi pecho raspando la herida recién abierta, que no dejo de sangrar toda la noche mientras pensaba que era el mismo sentimiento que le había hecho sentir primero a una, y luego a otra. Tiempo después, simpelemente me quedé dormido, solo queda en mi mente, dos o quizá un mensaje de disculpa, mandado a un teléfono, con respuesta un poco confusa, por falta de letras en la respuesta, y así, continuando el día, segui pensando una y otra vez en lo mismo, sin dejarlo, aferrándome, como siempre he sido tan obsesivo con esas situaciones que me causan nostalgia, pero me hacen crecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario